Cuando la tecnología se pone al servicio del instinto

Cuántos piropos habrán dicho nuestros abuelos para convencer a nuestras abuelas de compartir un momento en el zaguán; cuántas flores y bombones habrán comprado nuestros padres hasta que nuestras madres aceptaron una cita en el Rosedal. Atrás quedaron las cartitas de amor y las caídas de ojos: lo nuevo es volver al instinto. Sí, porque la nueva tendencia en el mundo de la cosmética son los perfumes con feromonas, para atraer y despertar instantáneamente el instinto sexual del sexo opuesto.
Las feromonas son sustancias químicas que producen las hembras de muchas especies de mamíferos (humanos incluidos) para atraer compañeros. Básicamente, son hormonas producidas por nuestras glándulas sexuales (glándulas apocrinas de la axila y los alrededores de los órganos genitales), que envían una especie de señal olfativa que es percibida por el sexo opuesto. El mensaje, que se codifica químicamente como si de un lenguaje silencioso se tratara, comunica estados de ánimo y, sobre todo, disponibilidad y compatibilidad sexual. De acuerdo a estudios hechos en la Universidad de Utah, ese código químico es captado por el órgano vomeronasal (OVN), alojado en nuestra nariz (llamado también “sexto sentido”) y produce una reacción biológica en el cerebro, desencadenando una respuesta fisiológica y conductal y desatando el impulso sexual en respuesta.
Las feromonas ya eran usadas en el antiguo Egipto para la fabricación de perfumes (fabricado a base del sudor de hombres), que se usaban como afrodisíacos. Entre las “celebridades” que los usaban, se cuentan Cleopatra y Josefina, la mujer de Napoleón. Pero, sin ir tan lejos, muchas fragancias populares hoy en día tienen feromonas, como One de CK, Coolwater de Davidoff y Fahrenheit de Christian Dior.
La eficacia de las feromonas fue constatada en un experimento en el cual se rociaron con androsteronas las butacas de un teatro. Como consecuencia, los espectadores masculinos evitaron las sillas rociadas y las mujeres se sentaron preferentemente en esas sillas. Se repitió el experimento en cabinas telefónicas, descubriéndose que las mujeres usaban más a menudo las cabinas rociadas y que la duración media de las llamadas se incrementaba. Por otro lado, una institución Australiana condujo un experimento sobre hombres que usaban feromonas. El 90% de ellos dijeron que había aumentado su atractivo. La respuesta femenina estadística fue:
- Entablar una conversación: 61%
- Expresar interés en el hombre: 43%
- Corresponder cuando él daba el primer paso: 40%
- Dar elogios no solicitados: 36%
- Tocarlos: 30%
- Excitarse sexualmente: 18%
- Terminar teniendo sexo con ellos: 16%
Todo esto que se da inconcientemente en la naturaleza fue aprovechado por la empresa Sexto Sentido, que creó una línea de perfumes con feromonas llamada Pheromonas (Pherowoman y Pheromen). Según su presidente, Luis Fleishman, “como en todos los perfumes se busca generar atracción, esto me pareció la mejor síntesis”. Según su creador, el perfumes es capaz de impulsar el atractivo personal de una persona, aumentar su autoestima y ayudarla a atraer pareja fácilmente sin provocar efectos secundarios desagradables y de una manera totalmente segura.
Los perfumes especialmente producidos con feromonas tienen costos que oscilan entre los 75 y los 100 dólares. ¡Un pequeño precio para –literalmente- tener química con la persona que deseás!
